¡Hola! 👋
El gato con sospecha de peritonitis infecciosa felina (PIF) sin efusión sigue siendo uno de los grandes quebraderos de cabeza de la medicina interna felina: la clínica encaja, la analítica acompaña… pero la confirmación se resiste.
El “gold-standard” —la inmunohistoquímica (IHQ) que demuestra antígeno de coronavirus felino dentro de los macrófagos— exige una biopsia tisular que, en muchos de estos pacientes, sencillamente no es viable.
¿Y si pudiéramos conseguir la realización de una IHQ mediante una simple punción con aguja fina (PAAF)?
En este trabajo, recientemente presentado en el congreso ISCAID 2026, exploramos exactamente eso: realizar IHQ sobre bloques celulares obtenidos mediante PAAF de tejidos alterados en gatos con sospecha de PIF.
🤓 Recorremos el trabajo intercalando diapositivas y explicación de las mismas:
El diagnóstico de la PIF es complejo: los signos clínicos son inespecíficos y no existen hallazgos clínicos, clinicopatológicos ni de imagen patognomónicos. El reto se agudiza en los gatos sin efusión cavitaria, en los que faltan esas muestras "fáciles" de líquido sobre las que apoyar el diagnóstico.
El “gold-standard” diagnóstico es la IHQ, que detecta antígeno de coronavirus felino (FCoV) en el interior de los macrófagos en biopsias de los tejidos afectados. Es la prueba que aporta la evidencia más directa de la infección.
El problema es el acceso al tejido. Muchos gatos están demasiado inestables para una biopsia; obtenerla puede exigir procedimientos invasivos (tru-cut, cirugía o laparoscopia); y el coste global —proceso diagnóstico más recuperación del paciente— es elevado. Por todo ello, la IHQ tisular a menudo no está disponible en la práctica clínica.
Ante estas limitaciones, se recurre con frecuencia a pruebas menos invasivas como la RT-PCR, aplicable a sangre completa, efusiones, tejidos, líquido cefalorraquídeo o humor acuoso. Su rendimiento depende del ensayo y del tipo de muestra, y la detección de ARN de FCoV no es necesariamente específica de PIF. Sigue haciendo falta, por tanto, un método mínimamente invasivo que ofrezca evidencia directa de infección dentro del macrófago.
Una vía posible es la técnica del bloque celular en tubo (cell tube block, CTB). En 2017, Marcos y col. la describieron para muestras de efusiones: el procesado rutinario resultaba viable y la morfología y el detalle celular eran comparables a los de las secciones histológicas convencionales.
A partir de ese trabajo técnico inicial, varios estudios oncológicos emplearon bloques celulares para el diagnóstico y la caracterización de tumores caninos, incluido el inmunofenotipado del linfoma nodal. Estos antecedentes inspiraron la idea de nuestro proyecto: aplicar un método análogo al diagnóstico de la PIF.
Un estudio piloto reciente aportó el contexto más cercano: la IHQ frente a FCoV se realizó sobre CTB preparados a partir de efusiones de gatos con sospecha de PIF. La IHQ fue positiva en 6 de 7 bloques y la PIF se confirmó post mortem en los 7 gatos, demostrando que el método también era aplicable a muestras de efusión en PIF.
Con estos antecedentes, nos planteamos dos objetivos. Primero, evaluar la viabilidad técnica de realizar IHQ sobre CTB fijados en formol e incluidos en parafina (FFPE) preparados a partir de PAAF de tejidos alterados en gatos con sospecha de PIF. Segundo, explorar su potencial utilidad diagnóstica.
La IHQ sobre CTB obtenidos por PAAF sería técnicamente factible y tendría utilidad diagnóstica potencial en gatos con sospecha de PIF.
Diseñamos un estudio piloto prospectivo, realizado en Aúna Especialidades Veterinarias (IVC Evidensia), en Valencia, entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025. Todos los propietarios firmaron consentimiento informado antes de la inclusión, y el estudio fue aprobado por el Comité de Ética e Integridad Profesional (CEIVET 13/2025).
Podían incluirse gatos de cualquier edad, raza o sexo que cumplieran las tres condiciones.
(1) Al menos un hallazgo compatible con PIF: fiebre persistente, uveítis, signos neurológicos, linfopenia, hiperbilirrubinemia o hiperglobulinemia, o efusión cavitaria.
(2) Al menos un tejido macroscópicamente alterado muestreado por PAAF, con inflamación piogranulomatosa en citología.
(3) Al menos una prueba diagnóstica de PIF positiva (IHQ, RT-PCR) y/o respuesta clínica, clinicopatológica y ecográfica completa al tratamiento antiviral con GS-441524.
Se aplicaron dos criterios de exclusión: la ausencia de tejido macroscópicamente alterado apto para PAAF, y las muestras con material insuficiente para preparar el CTB FFPE destinado a IHQ.
Para interpretar los resultados, clasificamos a los gatos en tres categorías.
PIF confirmada: detección de antígeno FCoV en macrófagos por IHQ sobre biopsia tisular.
PIF sospechada: RT-PCR positiva frente a FCoV en efusión cavitaria o en aspirado de tejido alterado, con o sin detección de la mutación del gen de la espícula.
Respondedor al antiviral: respuesta clínica, clinicopatológica y de imagen completa al GS-441524.
Cuando un gato cumplía más de un criterio, se asignó el más específico, con prioridad para la IHQ tisular.
Antes de entrar en el detalle metodológico, esta imagen anticipa el tipo de resultado obtenido: a la izquierda, el control negativo de IHQ; a la derecha, un resultado positivo representativo, con la característica tinción citoplasmática marrón en los macrófagos, compatible con antígeno de FCoV.
A mayor aumento, esa tinción citoplasmática marrón dentro de los macrófagos se identifica con más claridad: es la señal que buscamos como evidencia directa de infección.
Volviendo a la metodología: primero identificábamos los tejidos alterados por palpación o ecografía —masas, ganglios linfáticos aumentados o lesiones ecográficas focales—. El muestreo se realizaba después bajo guía ecográfica o por palpación, según la localización de la diana.
La muestra se obtenía con aguja de 21–23 G y jeringa de 5 mL, repitiendo la PAAF hasta conseguir un aspirado turbio, y se recogía en un tubo con 0,5 mL de suero salino estéril. La imagen contrasta el salino estéril (izquierda) con la muestra turbia obtenida (derecha).
El procesado del bloque comenzaba con un centrifugado (1500 rpm, 5 min). El pellet resultante se transfería a un tubo capilar.
Tras un segundo centrifugado (12 000 rpm, 5 min), el material compactado se extraía del capilar, se colocaba en un cassette y se fijaba en formol tamponado al 10 % durante 24 h.
Finalmente, las muestras se remitían a un laboratorio externo, donde la IHQ se realizó según el procedimiento estándar y fue interpretada por un único patólogo, lo que aporta homogeneidad a la lectura.
Esta tabla resume los seis gatos incluidos: forma clínica y diana de PAAF, resultado de la IHQ sobre CTB FFPE, resto de pruebas diagnósticas, respuesta al GS-441524 e interpretación final de cada caso. Sirve como panorámica; en las siguientes diapositivas destacamos los hallazgos principales.
El primer hallazgo principal: la IHQ sobre CTB fue positiva en 4 de los 6 gatos.
En los dos gatos en los que se disponía de IHQ tisular, esta pudo compararse con el CTB. En ambos casos, el CTB fue igualmente positivo en la misma diana muestreada —el riñón en un gato y un ganglio mesentérico en el otro—: los resultados concordaron en las dos parejas.
De especial interés clínico, los dos gatos sin efusión —precisamente los más difíciles de diagnosticar— tuvieron CTB positivos. Las dianas fueron un ganglio submandibular en uno y un ganglio mesentérico en el otro.
Los ganglios linfáticos se muestrearon en 5 de los 6 gatos, y el CTB fue positivo en 3 de esos 5. En conjunto, 3 de los 4 CTB positivos procedieron de ganglio linfático, lo que los señala como una diana rentable.
Pese a estos resultados, el CTB fue negativo en 2 gatos. Ambos tenían RT-PCR positiva en muestras de efusión y alcanzaron respuesta completa al GS-441524: es decir, se trataba de PIF pese al CTB negativo (resultados discordantes, o falsos negativos del CTB).
El primer mensaje de la discusión es de viabilidad: el procedimiento fue técnicamente posible en los 6 gatos, con equipo de PAAF estándar, bajo guía ecográfica o por palpación. Se monitorizaron frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, presión arterial sistólica y temperatura, y se repitió la ecografía tras el muestreo cuando procedía. No se observaron complicaciones: la técnica fue mínimamente invasiva y no requirió biopsia quirúrgica.
Nuestros resultados concuerdan con los de Fonte y col. sobre CTB de efusiones, y añaden un dato relevante: la aplicación en dos gatos sin efusión, ambos con CTB positivo. Esto respalda seguir evaluando la técnica tanto en formas efusivas como no efusivas.
Sobre la elección de la diana: la linfadenomegalia estuvo presente en los 6 gatos y ofreció un blanco identificable para la PAAF ecoguiada; de hecho, se muestrearon ganglios en 5 de los 6. Los ganglios aumentados podrían ser dianas prácticas cuando están presentes.
Esta observación es coherente con Felten y col., que comunicaron una especificidad del 91 % para la inmunocitoquímica realizada sobre muestras de ganglio linfático. Aunque evaluaron una técnica distinta, refuerza el valor clínico del ganglio como diana de muestreo en la sospecha de PIF.
Los dos CTB negativos merecen análisis. Los falsos negativos pueden aparecer cuando la muestra contiene pocos macrófagos infectados, cuando la carga antigénica es baja, cuando la distribución del antígeno FCoV es heterogénea o por factores técnicos/artefactuales —así como cuando el aspirado no es representativo del tejido afectado—.
También hay que considerar los falsos positivos, que pueden derivar de unión inespecífica del anticuerpo, tinción de fondo, inmunorreactividad no claramente localizada en macrófagos o factores técnicos/artefactuales.
El estudio tiene limitaciones. El número de casos es pequeño (6); la técnica no está validada para el diagnóstico de PIF; y la IHQ tisular solo estuvo disponible en 2 de los 6 gatos. No obstante, de los 4 casos sin IHQ tisular, 3 tuvieron RT-PCR positiva y los 4 lograron respuesta clínica, clinicopatológica y de imagen completa al GS-441524, lo que respalda el diagnóstico de PIF.
En conclusión, la IHQ es factible sobre CTB FFPE preparados a partir de PAAF en gatos con sospecha de PIF. Estos hallazgos respaldan su potencial como herramienta diagnóstica ante mortem mínimamente invasiva y justifican seguir investigando. Resulta especialmente útil cuando puede muestrearse un tejido alterado pero la biopsia tisular para IHQ no es viable, sobre todo en gatos sin efusión.
¡Gracias por formar parte de VETPIL! 😊
- Carlos Martínez Gil



































