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El proteinograma es una de esas pruebas que pedimos con frecuencia ante una hiperglobulinemia, pero que no siempre sabemos exprimir.
En esta publicación repasamos paso a paso y de forma muy gráfica cómo leerlo e interpretarlo en perros y gatos.
¿Qué mide exactamente el proteinograma?
El proteinograma (electroforesis de proteínas séricas, EPS) separa las proteínas del suero aplicando un campo eléctrico.
Cada proteína se desplaza según su carga, tamaño y forma.
Con un tampón alcalino casi todas quedan con carga negativa y avanzan hacia el ánodo (+), unas más que otras.
La albúmina es pequeña y muy cargada: llega más lejos y forma una banda única y densa.
Las inmunoglobulinas son grandes y poco cargadas: apenas se mueven y quedan junto al cátodo (−).
Por convención el ánodo se dibuja a la izquierda, así que la albúmina es el primer pico y las γ-globulinas el último.
Un pico no equivale a una proteína.
Cada fracción agrupa varias proteínas con movilidad parecida, y según método y especie el gel puede resolver entre 5 y 15 bandas que se agrupan en albúmina, α1, α2, β1, β2 y γ.
Convertir del % al g/dL
El densitómetro solo da proporciones: el área bajo cada tramo de curva es el porcentaje de esa fracción.
Para obtener concentraciones hay que multiplicar por la proteína total medida en el analizador bioquímico (Biuret), igual que convertimos un diferencial leucocitario en valores absolutos.
Qué hay dentro de cada pico
Estas son las proteínas con relevancia clínica en cada región. Conocerlas explica casi todos los patrones que veremos después:
Gel de agarosa frente a electroforesis capilar
El acetato de celulosa está prácticamente en desuso. Hoy conviven el gel de agarosa, que se tiñe y se lee con densitómetro, y la electroforesis capilar de zona (CZE), totalmente automatizada, que detecta las proteínas por absorbancia ultravioleta al pasar por un capilar de sílice.
A continuación, te dejo una tabla-resumen comparativa de ambas metodologías:
⚠️ ¡Importante!
Para el seguimiento de un paciente, los valores de referencia y la altura de los picos cambian con la técnica y con el colorante.
Para comparar trazados seriados del mismo animal, usa siempre el mismo laboratorio y el mismo método.
¿Cuándo tiene sentido solicitar un proteinograma?
Repasamos cuándo es útil y cuándo no la realización de un proteinograma:
¿Cómo debemos leer / interpretar un proteinograma?
A través de estos 5 pasos podemos comprender mejor el proteinograma:
1- Comprueba el tipo de muestra
Debe ser suero.
Con plasma heparinizado aparece un pico estrecho de fibrinógeno en la unión β/γ que imita una gammapatía monoclonal y puede ocultar una IgM o IgA real.
Si pasa, repite con suero.
2- Descarta artefactos
La hemólisis forma complejos hemoglobina-haptoglobina que en perros y gatos migran en β2.
Lipemia, hemólisis e ictericia alteran α2, β2, albúmina y α1 en capilar.
“Mini-picos raros” en agarosa pueden ser polvo o defectos del gel: pide repetir la prueba.
3- Cruza con la bioquímica
La albúmina estimada por electroforesis y la del analizador deben estar en el mismo rango.
Si difieren mucho, sospecha de un corte mal situado entre fracciones.
4- Revisa dónde están los cortes
Regla orientativa: el límite α/β cae hacia la mitad del trazado, y el β/γ hacia la mitad entre el inicio de las β y el final de la curva.
5- Interpreta cada fracción en valores absolutos
El trazado es relativo.
Una hipoalbuminemia marcada hace que todo lo demás parezca más alto.
Mira la tabla de g/dL antes de concluir que α2 o γ están elevadas.
A continuación puedes revisar el efecto que genera sobre la lectura del proteinograma la presencia de hipoalbuminemia:
Los patrones que vas a encontrar
Repasamos los diferentes “patrones” que puedes observar en el proteinograma, su significado clínico y posibles limitaciones:
Significado:
Inflamación, infección, traumatismo o daño tisular.
Aparece en horas y desaparece deprisa.
Advertencia:
Que α no aumente no descarta fase aguda; solo se ve cuando se elevan proteínas abundantes, como la haptoglobina.
El amiloide A sérico (SAA), presente en cantidades mínimas, puede multiplicarse sin mover el trazado.
Para valorar la fase aguda es más sensible medirla directamente: proteína C reactiva en el perro; SAA y α1-glicoproteína ácida en el gato.
















